sábado, marzo 07, 2009
Celos.
No puedo creer a donde llega la mente enferma. Se levanto temprano, se dio una ducha, se puso la mejor ropa y se dispuso a salir. Me desperté y sentí las dos ultimas vueltas que le dio a la cerradura.Todavía a oscuras estire mi mano y encendí el reloj que descansa en la mesa de luz a la par de la cama, quien me tiro el dato de que aún era temprano y torturando mi imanación me insito a pensar que podría hacer a las 7 de la mañana. No dude en saltar de la cama, ponerme lo primero que encontré, una remera diminuta de los redondos y un jeans sucio. Salí casi a los tropezones, en la puerta aguardaba el portero que como de costumbre saludaba amablemente. Estaba oscura la calle y no pude ver hacia donde se dirigía, en fin le perdí la vista. Quise imaginar que se dirigía al trabajo, allí donde guarda su moto, quizá se tomo un remis quería hadelantar algunas cuestiones. Quize pensar que podría haber ido a tomar un café a un bar, que quería leer el periódico. Acelere el paso, para quitarme la duda. Llegue a su trabajo y nada, desolación total, tenia las llaves asi que ingrese y saque la moto, pues en el apuro olvide tomar la billetera y el celular. Saque la moto y me dispuse a rondar los café mas sercanos a casa. Recorrí todos los que conocía, miraba sus vidrieras y sus clientes y en ninguno estaba. Mi cabeza empezo a funsionar de la peor manera, mi corazón ya empezó a acelerar el ritmo , mis ojos se descolocaban. Ok, calma dije, esperemos haber que sucede. Pase por un Telo al paso, una cuadra donde acostumbran a entrar mujeres y hombres casados algunos, de trampa otros. Me sente a observar, sin quitar la vista de esa puerta, si por casualidad salia. Pasaban los minutos y nada. Pregunte la hora a un transeúnte, y me lleve la sorpresa, 9 de la mañana. demaciado tiempo había pasado y ya estaba dentro del horario de trabajo. Regrese a guardar la moto y me encontré con que allí estaba, tomando el teléfono llamando a la policía. Pensó que le habían robado la moto. Y al verme llegar retiro toda denuncia, no podía creer mi grado de enfermedad, que los celos me estaban matando y hasta donde llegaría con ellos. No dige una palabra, baje la cabeza, deje la moto y me regrese a casa.
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